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23 de marzo de 2011

El Taxímetro Hindú



Pocas veces un taxista ha hablado tanto en una carrera tan sencilla como ir de Delicias, a Cuatro Caminos. La conversación, absurda, comenzó a dar tintes de interés cuando al señor se le escapó decir: llevo desde las 6 de la madrugada trabajando, y hasta las 12 de la noche, no terminaré la jornada. Hasta ahí más o menos realista; todos sabemos las jornadas de los taxistas, pero cuando le hice mención al cansancio que mostraba, alegó:- ayer llegué a las 2 de la madrugada. Por tanto, sólo pudo dormir 4 horas a lo sumo, pensé, como puede hacer un publicista, un director creativo, el médico de guardia, o consultores extremis causa.
- Y por qué trabaja tanto? - le pregunté. Mi hijo se quedó sin trabajo, el cual tenía hipotecado un piso que se compró, y del cual soy avalista. De modo que ahora vivo con mi hijo, quién no trabaja, su novia, mi segundo hijo, mi mujer y mi perro.
El hombre tenía que trabajar para conseguir el doble de ingresos y no perder así ni su piso, ni dejar de dar sustento a los suyos. Y para terminar, lo que más le dolía era que su hijo le hablase mal y que ya no soportaba a su mujer; su única alegría era su mascota, en quién había puesto todas las esperanzas para pasar a una vida mejor, menos dolorosa; de igual modo hacen los hindús y su creencia de trascender a mejor existencia en una supuesta vida futura.
Una misma creencia en dos mundos paralelos, oriente y occidente.



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