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4 de abril de 2011

Ciudad de Dios

                                                      
Un niño juega al balón. Juega teniendo cómo único compañero una pared de ladrillo, reventada en uno de sus laterales. El juego consiste en pasarse la pelota, así hasta que se aburra o se encuentre con algún otro niño del barrio.
De repente, le cogen de la mano. Es su madre, quien tira de su brazo acelerando el paso.
Cruzan la calle y en el esquinazo se puede ver un grupo de adolescentes atrincherados, mostrándo sus preciados tesoros y hablando sobre heróicas situaciones.
Entran en casa. Le quita la ropa ollinizada, y mientras la mujer prepara una barril de agua, el chiquillo trastea encima de la mesa. Tiene hambre, así que todo lo que parece comestible, se lo lleva a la boca con curiosidad, y a la vez, con cierta ansia.
Baja del taburate y se acerca su madre. Tira de su falda, para hacerse presente en ese instante. La madre, robótica, y apenas sin mostrar cercanía, le aúpa, y comienza a echarle con las manos el agua fría por la cabeza; así, hasta que desvanece.
Tortas, gritos y abrazos rotos se oyen desde la casa de Assunção, mujer de 20 años que sobrevive como puede en Cidade de Deus.
Dedicado a todas la mujeres brasileñas, heroínas en la oscuridad.


 

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