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3 de mayo de 2011

¡Arriba el corazón!




Las emociones no han gozado de mucho prestigio en esta sociedad, y menos en los últimos siglos.
Los arrebatos, la ira, la pasión, la tristeza, el dolor y toda una serie de modalidades emocionales que puede experimentar un ser humano se han visto tradicionalmente como algo que se debía superar.
Las virtudes humanas se han descrito en términos de control y estabilidad, entendidos éstos como ausencia de emociones que perturban el equilibrio.
En el mundo contemporáneo son pocos los ámbitos en que las emociones, y su expresión, se consideran adecuadas: el fútbol (tal vez por eso tenga tanto éxito), los conciertos de música, las actividades artísticas, y pocos contextos más gozan de esta licencia.
En lo personal, lo emocional suena como signo de debilidad, falta de madurez, ó descontrol.
Qué ocurre entonces cuando, la publicidad, el cine, el teatro y otros espectáculos tienen como ingredientes esencial el hecho de generar emociones en el receptor?
Que nos está pasando? Realmente, habría que darle un giro a esta situación.
Un giro que permitiese entender la diversidad de valores y áreas que, además de la intelectual, puede aportar la persona. Una nueva visión de las cosas en que las emociones y su expresión sean consideradas como un hecho humano, como una capacidad que se deba valorar.
Está claro que una buena conexión entre la mente racional y emocional permite un funcionamiento creativo y armonioso.
Pascal, como ejemplo, afirmó que el corazón tiene razones que la razón no entiende. No se trata simplemente de un pensamiento filosófico, sino que consiste en una posición epistemológica en la que convergen físicos cuánticos ( Heisenberg, Bohm), biólogos (Maturana, Varela), biocibernéticos ( Von Foester), además de los más destacados filósofos de la ciencia de este siglo ( Kuhn, Lakatos, Popper). En este convergencia también han participado psicólogos como Barlett, Piaget y Kelly.
Todos coinciden en considerar que la realidad no se nos revela directamente sino que debe ser construída activamente por el ser humano.
Para que nuestra realidad sea más humana, ha de ir de la mano del corazón.
No lo olvideis.

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